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A patadas con la tradición


A patadas con la tradición
Chile, 27 de Agosto de 1999
http://www.tercera.cl/diario/1999/08/27/27.12.TT.CROSSOVER.html

Aunque se visten de etiqueta y tienen una técnica depurada, en los escalafones doctos no los quieren para nada. Los detestan por mercenarios y vulgares. Se llaman Bocelli y Brightman, e incluso Carreras y Pavarotti. Hacen música para todo espectador y no le hacen el quite a ningún tema. Rancheras, baladas, arias y canciones navideñas. Todo es bienvenido en la música crossover.

André Rieu dice que no ha hecho nada malo, que sólo le sacó la careta a la música clásica, que la dejó abierta a todo espectador. Eso dice él,pero la crítica seria no le cree y ha despedazado su labor. "Me han acusado de traidor, pero son ellos los elitistas que no soportan que en mis conciertos a la gente se le permita bailar y cantar", se defendía a comienzos de esta semana, de paso por Chile, el violinista francés de música clásica que más discos vende por estos días en las estanterías de música popular.

"Cuando vendo muchos discos, me gano la vida y me divierto, y junto conmigo lo hacen miles de personas", se justifica Rieu, quien ha divertido a una audiencia de seis millones de compradores de discos en el mundo, de los cuales 60 mil fueron aportados por los contribuyentes chilenos. El segmento local está en alza y ha demostrado un creciente interés por un catálogo definido como música crossover Ahí cabe desde un Andrea Bocelli hasta el disco del Papa, dos grandes éxitos de géneros indefinidos. Bocelli, el más cercano competidor de André Rieu, lo duplica en las ventas y va más lejos: en sus conciertos puede alternar un aria de Verdi con un tema como Vivo por Ella, en dueto con Marta Sánchez. "Yo no he pensado todavía en algo así, lo mío son los valses", delimitó Rieu, adelantando que ya encargó una nueva partida de valses para la próxima temporada otoñal.

Lo que tanto molesta a los críticos de Rieu no son sus cifras de ventas.

Son las licencias que el violinista ha concedido para entretener al público masivo. "Toco como cualquier músico clásico, tal vez un poco más rápido, y acorto las piezas cuando suelen ser muy largas", se justifica el músico al explicar un medley donde recorta de quince a siete minutos el Danubio Azul, de Strauss.

"¿Cuál es mi pecado?", se pregunta Rieu. Le responde el compositor Luis Advis: "No le doy mayor valor artístico a eso. Digamos que es algo pintoresco, divertido". El creador de la Cantata Santa María de Iquique extiende su crítica a la labor colectiva de José Carreras,Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, sociedad patentada comercialmente como Los Tres Tenores. "El Brindis, de Verdi, fue escrito para soprano y tenor en el rol protagónico, no para tres tenores. Eso es desvirtuar la música".

HIJO ILEGITIMO

Nadie ha podido definirla bien. No es música popular ni docta. En estados Unidos la bautizaron como classical crossover y, en vista de la creciente demanda, la revista Billboard se vio forzada a inventar un ranking aparte donde conviven bandas sonoras, orquestas sinfónicas rockeras y cantantes de inspiración new age. Esta semana es Charlotte Church, una niña de 14 años y voz de ángel, quien figura en la punta de los discos más vendidos del género con una partida de 600 mil.

"Esto es como un matrimonio por conveniencia después de que nació el chiquillo", define Rubén Nouzeilles, director de productos especiales del sello EMI en Chile. Nouzeilles ha difundido los discos de la violinista japonesa (sic) Vanessa Mae y la cantante lírica francesa Emma Shapplin,exponentes del género que durante los dos últimos años han llegado hasta el Festival de Viña del Mar.

Nouzeilles recuerda que el truco de vender música docta para las masas es antiguo. "Hay artistas como Mario Lanza que han aplicado todo el talento y la escuela para potenciar expresiones de la música popular, lo que va en beneficio de ésta y en perjuicio de la música clásica".

La fórmula será antigua, pero ninguno la ha explotado tan bien como lo hicieron Carreras, Domingo y Pavarotti, quienes patentaron la marca Los Tres Tenores para el Mundial de Fútbol de Italia 1990. Con el antecente de diez millones de copias vendidas entre discos y video home, el trío volvió a juntarse cuatro años después para la Copa de Estados Unidos. Ahí reunieron a 60 mil personas para la jornada inaugural del Mundial y le dieron cuerda a un repertorio de arias de ópera, temas populares de Hollywood y canciones tradicionales.

Las gratificaciones fueron provechosas y los tres tenores no se detuvieron ahí. En 1996 salieron de gira con el mismo formato y después han seguido reincidiendo por separado, sin la necesidad de repartirse los honorarios. Plácido Domingo, que registra una versión de Perhaps Love y trabajos en zarzuelas y operetas españolas, hoy completa una serie crossover donde cabe de todo: duetos con Michael Bolton, canciones de Navidad y temas de amor facturados para Broadway.

Además, para septiembre Domingo anuncia un tributo a Agustín Lara que se llamará, como cualquier disco de un baladista romántico, Por Amor El álbum tiene de asesor musical al productor de Luis Miguel, Bebu Silvetti, y suma una nueva versión del clásico español Granada.

José Carreras no se ha quedado atrás en esta competencia. Ha grabado temas de películas y navideños, se ha asociado con Natalie Cole y ya reunió todo ese repertorio en un disco reciente de grandes éxitos de canciones populares.

Eso y mucho más ha hecho Luciano Pavarotti, quien ha formado una industria de caridad en torno a su nombre. Pavarotti & Friends es una sociedad que arrojó óptimos resultados en 1996 con la canción que grabó a dúo con Bono, Miss Sarajevo.

Los amigos del tenor italiano se han incrementado con el tiempo. Hoy se incluyen desde las Spice Girls a B.B. King, y todos juntos este año van en ayuda de Guatemala y Kosovo con Pavarotti & Friends 1999, el sexto álbum de la serie benéfica que saldrá al mercado el mes próximo.

Cristóbal Peña F.


Hendrix de Cámara

La historia es conocida y la ha contado hasta el cansancio. André Rieu se aburrió de la formalidad de la música clásica y un día abandonó su orquesta, reunió a músicos jóvenes y formó una propia donde él es el líder. Hay otros que han imitado el ejemplo del violinista y han ido más lejos. "¿Conoces a Nigel Kennedy?", pregunta Rieu. "El es como yo, toca a Vivaldi original, pero con la única diferencia de que él usa aro y zapatos color rosa".

Kennedy es violinista como Rieu y no sólo toca un Vivaldi original; también cultiva a los rockeros más ácidos. En su último álbum, The Kennedy Experience (1999), el músico británico juntó una orquesta de cámara para recrear versiones acústicas de Jimi Hendrix.

"Las barricadas del elitismo que han impedido al público masivo la apreciación de la música clasica se están estrechando cada vez más",declama el violinista, cuya lucha es apoyada por músicos como Jaz Coleman, un rockero que ha grabado discos sinfónicos con la obra de Led Zeppelin y Pink Floyd. Este año está trabajando con los Doors.

Así como el rock ha sido caldo de cultivo para las expresiones musicales más híbridas, la música pop y la new age también han propuesto su parte.

Emma Shapplin demostró que el pop electrónico puede convivir con la fantasía oscura de lo gótico. Y sus compatriotas franceses de Solyma hicieron algo similar al alternar letras en latín, griego, hebreo y árabe. "Nuestra ambición era entregar un mensaje universal, aunque al mismo tiempo debería rescatar la fe individual", define uno de sus productores, con lo cual refuerza la pretendida espiritualidad del género.

Un proyecto similar, aunque más ambicioso en recursos y marketing, es el último disco de la soprano británica Sarah Brightman, la pretendida reina del crossover que tiene a favor ser esposa de Andrew Lloyd Webber,haber hecho escuela al grabar un dueto con Andrea Bocelli y tener un público cautivo de cuatro millones de personas que compraron su álbum anterior, Time To Say Goodbye (1997).

Esta vez la Brightman quiere ampliar su imperio con Eden, un álbum que combina covers populares (Dust in the Wind, Il Mio Cuore Va) con piezas clásicas y regionales en diversos idiomas, otra de las claves de esta música asociada a la cultura holística. "La palabra Edén evoca el sentimiento correcto para el título de este álbum", confirma Brightman.

"La esperanza de encontrar tu propio lugar".

 

  
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